Autora: María Merino
En un reciente artículo publicado en Nature por Andrew L. Fanning & Kate Raworth (1) se propone una idea incómoda, pero cada vez más difícil de ignorar: no basta con mejorar algunos indicadores sociales si ese progreso se consigue a costa de deteriorar los sistemas ecológicos que sostienen la salud y la vida.
Para mostrarlo, los autores actualizan el marco del Doughnut (o “rosquilla”) y construyen un monitor global con 21 dimensiones y 35 indicadores (figura 1) que siguen a lo largo de dos décadas (entre 2000 y 2022) dos caras del mismo problema: la privación social y la transgresión de los límites ecológicos planetarios.
Figura 1. Dimensiones e indicadores de la base social y el techo ecológico.
AHPPN: apropiación humana de la productividad primaria neta; NINI: jóvenes que no están empleados, ni cursan estudios, ni reciben formación.
Fuente: elaboración propia a partir de Andrew L. Fanning y Kate Raworth, 2025 (1).
El mensaje central del trabajo es claro. Aunque el PIB mundial se ha duplicado con creces en esas dos décadas, la reducción de la privación social ha sido modesta y, al ritmo actual, tendría que acelerarse cinco veces para cubrir las necesidades básicas de toda la población antes de 2030. Mientras tanto, el sobrepasamiento ecológico no solo no se corrige, sino que sigue empeorando: los autores concluyen que la humanidad ya ha sobrepasado al menos seis de los nueve límites planetarios.
El valor del artículo no está solo en el diagnóstico, sino en el cambio de perspectiva que propone. Frente a una visión del progreso basada casi exclusivamente en crecimiento económico, el Doughnut plantea una pregunta más exigente: ¿estamos satisfaciendo necesidades humanas esenciales dentro de límites materiales y ambientales seguros? Desde esa perspectiva, la respuesta actual es “todavía no”. Y eso tiene una lectura muy directa para la evaluación de tecnologías sanitarias (ETS).
Durante años, la ETS se ha apoyado sobre todo en tres grandes pilares (que siguen siendo esenciales): efectividad clínica, eficiencia económica e impacto presupuestario. Sin embargo, el artículo sugiere que este enfoque puede quedarse corto si no incorpora una mirada más amplia sobre sostenibilidad, equidad y externalidades. Una tecnología puede ser clínicamente valiosa y hasta coste-efectiva en términos de AVAC, pero al mismo tiempo generar una elevada huella ambiental, depender de cadenas de suministro frágiles o producir beneficios muy desiguales entre grupos de población. Esa es la conversación que el artículo invita a tener.
Esta reflexión encaja especialmente bien con el momento regulatorio que vive España. El borrador del futuro Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (2) no define la ETS solo como una valoración clínica. La describe como un proceso multidisciplinar que evalúa de forma comparativa los aspectos médicos, sociales, relativos a pacientes, económicos y éticos de una tecnología sanitaria. Además, el texto deja claro que la ETS debe informar decisiones sobre incorporación, financiación, precio, reembolso o desinversión, y que su ámbito abarca no solo medicamentos, sino también productos sanitarios, diagnóstico in vitro, procedimientos, tecnologías digitales y modelos organizativos.
Es este el punto de encuentro entre el artículo mencionado y el futuro Real Decreto. Si el nuevo marco español realmente quiere tomarse en serio esas dimensiones “no clínicas”, la ETS del futuro tendrá que mirar más allá del binomio clásico de eficacia y coste. El borrador ya apunta en esa dirección al separar la evaluación clínica del análisis del resto de aspectos no clínicos, incluida la evaluación económica, y al introducir de forma explícita el uso de datos y evidencia en vida real como soporte para las evaluaciones y la toma de decisiones (figura 2).
Figura 2. Dominios de evaluación incluidos en el borrador del Real Decreto Ley para la regulación de la Evaluación de Tecnologías Sanitarias.
Fuente: extracto de González Domínguez et al., 2026 (3).
Además, el Ministerio ha subrayado que el nuevo modelo incorpora la participación de pacientes y profesionales sanitarios en los procesos de evaluación. Esto no es un detalle menor. Significa reconocer que el valor de una tecnología no se agota en los desenlaces clínicos tradicionales, sino que también incluye cuestiones como la experiencia del paciente, la carga de tratamiento, la aceptabilidad, la organización asistencial o las desigualdades en el acceso.
En paralelo, el Reglamento (UE) 2021/2282 (4) ya marcó un giro relevante al recordar que la ETS puede abarcar no solo aspectos clínicos, sino también dominios no clínicos. En el marco europeo se mencionan nueve ámbitos de evaluación, de los cuales cuatro son clínicos y cinco no clínicos. España parece alinearse con esa evolución, pero podría ir un paso más allá si aprovecha esta reforma para integrar de manera más sistemática dimensiones emergentes como la sostenibilidad ambiental o el impacto distributivo de las decisiones.
Por tanto, el principal mensaje que nos podemos llevar a casa es que el valor de una tecnología sanitaria ya no puede entenderse solo dentro del sistema sanitario, sino también en relación con el sistema social y ecológico en el que opera. No se trata de sustituir el análisis económico clásico ni de abandonar los AVAC, sino de complementarlos. La pregunta ya no es solo “¿cuánto beneficio en salud produce esta tecnología por euro invertido?”, sino también “¿qué recursos consume, qué externalidades genera, a quién beneficia realmente y es sostenible ese valor en el tiempo?”.
No hay verdadera innovación sanitaria si el progreso clínico se construye sobre costes sociales o ecológicos invisibles.
Referencias
1. Fanning AL, Raworth K. Doughnut of social and planetary boundaries monitors a world out of balance. Nature. 2025;646: 47–56. https://doi.org/10.1038/s41586-025-09385-1.
2. Real Decreto XXXXXXX/2024, de X de XXXXXX, por el que se regula la evaluación de tecnologías sanitarias. https://www.sanidad.gob.es/normativa/audiencia/docs/DG_54_24_Solicitud_informacion_publica_RD_EVALUACION_TECNOLOGIAS_SANITARIAS.pdf [Accessed 11th June 2025].
3. González Domínguez A, Merino Ventosa M, Durán Esteban A, Comité técnico, Comité consultivo. Reflexión Estratégica sobre el VALOR social en la evaluación de medicamentos. 2026. https://doi.org/10.65616/OMEN2105.
4. Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea. Reglamento (UE) 2021/2282 del Parlamento Europeo y del Consejo de 15 de diciembre de 2021 sobre evaluación de las tecnologías sanitarias y por el que se modifica la Directiva 2011/24/UE. Diario Oficial de la Unión Europea (OJ L), 2021/2282 2021. http://data.europa.eu/eli/reg/2021/2282/oj/spa [Accessed 12th June 2025].