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Autora: Ana Durán

La sostenibilidad de los sistemas sanitarios depende, en gran medida, de tomar decisiones informadas sobre qué tecnologías incorporar, financiar o desinvertir. En este contexto, la evaluación de tecnologías sanitarias se convierte en una herramienta esencial para comparar alternativas. Uno de sus pilares es el análisis de costes, que permite estimar los recursos necesarios para implementar una tecnología sanitaria. Pero ¿qué entendemos por “coste” y cómo se clasifican?

¿Qué entendemos por coste en la evaluación de tecnologías sanitarias?
En este contexto, el coste no se limita al precio de adquisición de un producto o servicio. Se refiere al valor monetario de todos los recursos consumidos durante el ciclo de vida de una intervención sanitaria: desde su adquisición, hasta su implementación, seguimiento y posibles efectos adversos.

Por ejemplo, el coste de un dispositivo médico no solo incluye su precio de compra, sino también el tiempo del personal sanitario para su uso, la formación necesaria, el mantenimiento, y los costes derivados de su impacto en la salud del paciente.

¿Cómo clasificamos los costes?
Los costes pueden clasificarse según distintos criterios:

a) Según el origen del recurso (1):

  • Costes directos sanitarios: Comprenden los costes relativos a los recursos sanitarios en la atención de la enfermedad, como medicamentos, dispositivos médicos, procedimientos quirúrgicos, visitas médicas, pruebas diagnósticas, consultas, hospitalizaciones, etc. Son los más visibles y fácilmente cuantificables.
  • Costes directos no sanitarios: Incluyen costes de recursos no propiamente asistenciales, pero relacionados con la patología, que son relevantes para el paciente y la sociedad, como el transporte a centros sanitarios, alojamiento por motivos sanitarios, cuidados formales (profesionales) o informales (por familiares o cuidadores no remunerados), y adaptaciones en el hogar.
  • Costes indirectos: Hacen referencia a las pérdidas de productividad laboral del paciente y del cuidador informal, derivadas de la atención a la enfermedad, discapacidad o muerte prematura.
  • Costes intangibles: Representan aspectos subjetivos como el dolor, el sufrimiento, la ansiedad o la pérdida de calidad de vida. Aunque son difíciles de monetizar, pueden abordarse mediante medidas de utilidad como los AVAC (años de vida ajustados por calidad).

b) Según la perspectiva del análisis: la perspectiva define qué costes se incluyen. Las más comunes son (1):

  • Sistema sanitario: Solo considera los costes asumidos por el sistema público.
  • Pagador (aseguradora, hospital): Similar a la anterior, pero centrada en el financiador específico (por ejemplo, una aseguradora o el SNS). Puede excluir costes asumidos por el paciente o la sociedad.
  • Sociedad: Es la más amplia y completa. Incluye todos los tipos de costes (directos, indirectos, intangibles), independientemente de quién los asuma. Se considera la más adecuada para decisiones que afectan al bienestar general de la población.
  • Paciente: Incluye los costes que afectan directamente al usuario, como copagos, gastos de bolsillo, desplazamientos, tiempo invertido, o cuidados no cubiertos por el sistema.

¿Qué perspectiva de costes se usa más en España y qué tipos de costes se incluyen en la evaluación de tecnologías sanitarias?
En España, la mayoría de las evaluaciones económicas, estudios de costes o estudios de carga de la enfermedad realizados en el marco de decisiones públicas adoptan la perspectiva del Sistema Nacional de Salud, lo que implica que solo se consideran los costes directos sanitarios. Esta elección responde a la lógica presupuestaria del SNS, que busca optimizar el uso de recursos dentro de su ámbito de actuación.

Sin embargo, en los últimos años ha crecido el interés por adoptar una perspectiva social, especialmente en el análisis de enfermedades crónicas, raras o con alto impacto en la calidad de vida. Incluir costes indirectos y no sanitarios permite capturar mejor el valor real de las intervenciones, especialmente aquellas que mejoran la autonomía, reducen la dependencia o permiten la reincorporación laboral.

Referencias
1. Drummond MF, Sculpher M, Claxton K, Stoddart GL, Torrance GW. Methods for the economic evaluation of health care programmes. Fourth edition. Oxford: Oxford University Press; 2015. 1 p.